A comienzos del s. IX, el obispo de Iria, Teodomiro que luego quiso enterrarse al lado del apóstol, reconoció que los redescubiertas reliquias eran los de Santiago y los de sus discípulos Atanasio y Teodoro. Alfonso II visitó el lugar mandando erigir una primera y modesta basílica luego sustituido por otra mayor en tiempos de Alfonso III.
Tras la razzia de Almanzor en el año 997 y la reconstrucción del segundo templo, el patronazgo de Santiago contra el Islam empieza a surtir sus efectos, se instituye el Voto y refuerzo el papel del reino de león, un camino de estrellas comienzo a guiar a los peregrinos hacia el occidente, los milagros se suceden.
Diego Peláez comenzó la catedral románica (1075). Con Gelmírez se alcanza la mayor esplendidez del culto, se engrasa el relicario y consigue la dignidad arzobispal. Calixto II instituyó la gracia del Año Santo Compostelano, anterior al romano, confirmado por la bula de Alejandro III Regis Aeterni (1179). Se consigue así un jubileo extraordinario cada vez que la fiesta del apóstol (25 de julio) cae en domingo, resultando una periodicidad de cada 6-5-6 y 11 años, restando este siglo el de 1999.
Comienza así la etapa dorado de las peregrinaciones en la que Santiago se conviene en el santuario del orbe cristiano más visitado, superando con mucho a Romo y Jerusalén. Santos, reyes, caballeros, burgueses, artesanos y campesinos, con o sin cortejo, a pie o a caballo, dejando relatos del viaje o anónimamente se acercaron a Compostela. Un embajador del emir Alí Ben Yusuf se asombraba en el s. XII de tal movilización: "Es tan grande la multitud de peregrinos que van a Compostela y de los que vuelven, que apenas queda libre la calzada hacia occidente". la lista de los naciones que se congregaban en la catedral es numerosa según el Códex Calixtinus, cuyo libro V es una complejo guía medieval de la peregrinación donde se describen las etapas del Camino Francés, como eran los pueblos que atravesaba la ruta
Allá por el s. XII, la calidad de las aguas, las numerosas reliquias y cuerpos santos que se pueden visitar, y en especial se detiene en la ciudad de Santiago y su Catedral. Se atribuye su autoría al galo Aymeric Picaud.
Con la Reforma, el espíritu humanista y las guerras de religión descendió la afluencia de peregrinos. En 1588 el arzobispo Son Clemente ocultó precipitadamente las reliquias ante el peligro de un ataque inglés y aunque el flujo de visitantes medró en la época triunfal barroca, casi desaparece en el s. XIX. Sólo el tesón del cardenal Payá, que descubre los restos durante unas excavaciones y la certificación de autenticidad expedido por león XIII en su bula Deus Omnipotens (1884), consiguieron una repercusión del antiguo fenómeno, del que hoy somos herederos con un crecimiento espectacular. En los años 1982 y 1989, por vez primera en la historia, un Papa, Juan Pablo II, peregrinó también a Compostela.
Resto por fin hablar del sentido de la peregrinación, pues son muchos y variados las motivaciones que han traído a Compostela a millones de personas. Dante en la Vita Nuova dice que sólo es peregrino aquel que va o viene de la casa de Santiago y aunque desde fecha temprano hubo una picaresca de la ruta, no podemos olvidar que la mayor parte de los romeros están guiados por un fundamento espiritual ya seo en cumplimiento de un voto, por motivos penitenciales, para dar culto al apóstol y rezar ante las reliquias de tantos santos, reflexionar es un camino simbólico como el de la vida o buscar un algo" impreciso.
Los peregrinos actuales cuentan con interés las ricas vivencias que les ha proporcionado la ruta, muchos de ellos hacen diarios o "itineraríos" emulando a los antiguos caminantes, llegándose a publicar varios en diversos países. Todos coinciden en resaltar la variedad cultural de las diferentes regiones y comarcas que atraviesan, los detalles hospitalarios de las gentes y especialmente, las reflexiones cotidianas, sus impresiones sobre el paisaje, las experiencias y coloristas anécdotas que surgen durante la gran aventura jacobea.
La red de caminos jacobeos a Santiago, por su función difusora de las manifestaciones culturales y a la vez creadora de una identidad común entre los pueblos del viejo continente, fue ratificada como Primer Itinerario Cultura Europeo en 1987 por el Consejo de Europa.
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